domingo, 30 de noviembre de 2008

La profunda agonía de pasar al salón.

“Pasa por el salón” escuchas que te dicen entre el ruido de secadores de pelo, chisporroteo de planchitas y cotorreo de viejas… ¿ah… y a que parte? Te preguntas por dentro… eh! Ya sabes que es inevitable, te sientes donde te sientes, nunca le pegas. Primero te corren diciendo que necesitan el lugar para una clientA (¿y yo no lo soy acaso?) y luego te dicen, vení por acá mi amor… ahí divina. Bueno que te vas a hacer?Y te vas a cortar, no? hacer el colorcito?Ehhhh…. No. Te dije recién que solo me lavaba y peinaba... (que sordera Dios!)
Llegas al lugar para lavarte: un curso para sacarte todo lo que tenés en cima. Y de repente desde atrás, sentís que te emboscan unas manos. Te tiran del pelo en un intento por "levantarte el pelo" para acomodarte en la bacha. Resignada, te acomodas para relajarte y empezas a pensar en cosas como... que lindo el vestido de la modelito tal en la revista... (que por supuesto es del año verde...) Pero justo cuando te estas sumergiendo en río de sueños inconexos... una voz te trae de vuelta "eh... ponemos una ampollita, no?"
Y ya sabés lo que viene… ¿Cuánto cuesta? “Bueno, tenés de 10, de 12 y la de L’oreal a 15…” mmm… (escaneás mentalmente la billetera con rapidez y) decís –“mmm bueno, la de 12”
Después de unos minutos en donde por supuesto siempre te dicen que tenés el pelo súper seco y que necesitas un baño de crema (que oh casualidad! Te pueden hacer ahora), terminan de lavarte y viene la parte complicada: sacar la cabeza de la bacha sin mojarte toda la remera… Misión finalizada – resultado: orejas con shampoo pero remera intacta… mejor agua en la cara que en la remera obvio!
El cuello te quedó un poco duro pero bueno, por lo menos te hicieron masajitos y alguien más se cansó tratando de lavar semejante cantidad de peluca...

Acto seguido, agarras otra vez todas tus cosas hechas un bollo con una mano mientras con la otra te vas acomodando la toalla q siempre es chiquitita y se va cayendo y seguís como podés al pibe del champú. Te sentás y aparece quien te va a peinar que otra vez te pregunta: Cortamos ,no? (nooooooooo! sólo queria un maldito brushing, Dios q tan difícil es? Porque les gustan tanto las tijeras?)…
Ni nos adentremos en como explicarle al peluquero que queres un peinado que no parezca Yoli ni salido de revistas, queres un simple brushing discretito y que sólo te haga sentir bien.

Ok, 40 minutos más tarde y luego de 20 preguntas indiscretas acerca de tu vida, salís de ahí. Por supuesto q no era lo que querías, pero no importa, maldecís durante un par de cuadras el hecho de haber ido, no te gusta el peinado pero luego de entrar en el negocio de ropa más cercano y ver alguna pavada que no vas comprar ni por putas, te olvidás y sólo te queda el sentimiento de Diosa y pelo “Wellapon”…
Así que seguramente la próxima vez que tengas un evento o te quieras sentir mujer por un ratito, volverás a someterte a semejante tortura. Por el simple hecho de alcanzar ese estado: el de envidia de la vendedora de ropa del local que te ve como si tu vida fuera frívola y despreocupada y te dedicaras enteramente a cuidarte. (obvio que ni sabe que te escapaste del laburo para poder hacer esto)… pero no importa, MISION CUMPLIDA, pelo de peluquería: autoestima por el cielo!